“El Vice” nos muestra la faz argentina de Estados Unidos.

Tendemos a pensar al gran país del norte como una democracia de elites donde llegar al poder es sinónimo de fama, dinero y formación cultural. Pues no siempre es así, tal como nos muestra ésta película sobre Dick Cheney, vicepresidente de George W. Bush.



”El Vice” acaba de ser estrenada en Fox. Lo primero que tenemos que decir sobre ésta película es que es muy buena y que es otro éxito de los creadores de “La gran apuesta”, esa tremenda historia que se puede ver en Netflix.


La actuación es excelente: Christian Bale brillante y único como siempre, Sam Rockwell tremendo en el papel de Bush hijo, y el resto acompaña. Por otra parte la peli es entretenida y su agregado principal es que se anima a decir sin tapujos que “está basada en hechos reales”.


Dick Cheney era un bueno para nada con una vida que naufragaba entre el alcohol, un trabajo mediocre y una esposa que clamaba por su derecho a tener al lado a un hombre que le mejore la vida en vez de complicársela.


Ese sujeto que parecía condenado a ser uno más del montón se transforma como una oruga en mariposa gracias a un contacto con la política, que en Estados Unidos puede ser tan generosa como lo es acá, en Argentina.


Ese sujeto que parecía condenado a ser uno más del montón se transforma como una oruga en mariposa gracias a un contacto con la política, que en Estados Unidos puede ser tan generosa como lo es acá, en Argentina.

Merced a conseguir un trabajo en el Congreso, Cheney se transforma en el “pinche” del congresista Donald Rumsfeld. Se le agrega un poco de suerte, algo de talento para la rosca, una pizca de ”ayuda de los amigos” y cuando lo sacamos del horno tenemos a un sujeto que controla al país más poderoso del mundo, que inicia una guerra por conveniencia propia y que se hace millonario gracias a su laburito. Si ven alguna similitud con un enorme porcentaje de los políticos argentinos... es pura coincidencia.


”El Vice” es además una peli que muestra con crudeza la grieta que vive Estados Unidos entre un sector de la población estúpido y otro pensante. Es brillante el uso de las “Cámaras Gesell” para entender la división social, los sectores que conviven dentro de los más profundo de norteamérica, y que se manifiestan en la contraposición de sus presidentes: Nixon y Carter; Bush hijo y Clinton; Trump y Obama.


La recomiendo sobre todo para el espectador amante de la política y de la historia, que la degustará como un plato exquisito del mejor cine.

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