La pandemia nos muestra un futuro cercano.

Actualizado: 15 de abr de 2020

Los primeros momentos de la pandemia mostraron a algunos de los líderes mundiales dispuestos a sacrificar a un sector de la población con tal de no parar la economía. ¿Es un aviso de lo que puede pasar en el futuro ante el imparable crecimiento de la población mundial?


En su libro HOMO DEUS el pensador israelí Yuval Harari nos advierte que el humanismo tiene los días contados. ¿Por qué? Porque el valor que hoy se le da a la vida humana va a ser insostenible ante las realidades que se avecinan.


La población mundial aumenta exponencialmente y Harari cree que ese aumento será más profundo cuando la ciencia logre lo impensado: que el ser humano no muera de causas naturales. La megapoblación implicará una depredación feroz del planeta, con consecuencias ecológicas gravísimas.


Pero eso no es todo.


Sostiene que dentro de unas décadas un ochenta por ciento de la población mundial quedará afuera del mercado laboral debido a que sus funciones serán cumplidas por máquinas. Serán personas que “sobran” en términos productivos.


Así, el futuro nos mostraría un mundo en el cual un pequeño sector posee los medios de producción y la tecnología, mientras que otro enorme sector no produce, consume y destruye el planeta.

El peligro latente es, entonces, que esa enorme masa de población se transforme en desechable, sacrificable.

En ese caso, el valor de la vida de sectores enteros de la sociedad se reduciría drásticamente.


Esto, que parece una locura de ciencia ficción quedó terroríficamente manifestado en éstos días en los cuales la humanidad se vio jaqueada por el virus COVID-19.

Dan Patrick, gobernador de Texas, dijo que los abuelos de 70 años se deben cuidar solos, y que la economía del país no puede pararse por ellos.

Tradujo en palabras las acciones que tomaron inicialmente los líderes de algunos de los países más importantes del planeta como Estados Unidos, Inglaterra, Suecia y Brasil. Prefirieron un contagio masivo de la población para lograr rápido la inmunidad al virus (la gente contagiada no vuelve a contraer la enfermedad), y de esa forma permitir la continuidad de la economía. El detalle es que esa decisión "sacrifica" a decenas de miles de personas, mayormente ancianos.


Hay que decir que esa estrategia se desmadró enseguida, en parte porque muchos de esos líderes se encontraban en el grupo de riesgo y el virus no hace diferenciación social cuando ataca. El contagio de Boris Johnson dio por tierra con esos planes, y hoy en todo el mundo la meta es contener los contagios y cuidar a toda la población.


Conclusión: hay una semilla de un nuevo paradigma mundial en cuanto al valor de la vida humana. Una tétrica idea de que existen sectores de la población desechables.

Queda claro que no es lo deseado pero es lo que comenzó a pasar.

Y cerrar los ojos ante la realidad de la superpoblación y del daño ecológico nos va a llevar directamente a chocarnos de improviso con esa idea.

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