La política argentina llegó HASTACA.

El gasto del sistema político asfixia a la economía. Sus vicios asfixian a la democracia.



Históricamente los partidos políticos representaron a sectores de la población con ideas afines y con idiosincracias propias. A partir de los años 90, ésta situación cambió: primero los ciudadanos dejaron de identificarse con los partidos, luego directamente con cualquier ideología.


No obstante haber perdido su función original, lo cierto es que la función de los partidos en el mundo actual pasó a ser otra: reclutar, preparar y organizar cuadros políticos/técnicos capaces de gobernar.


Éstas funciones también se necesitan en la Argentina, y es por eso que los partidos políticos siguen siendo útiles en nuestro país. Y sea utilidad además, es la razón por la cual la sociedad decide mirar para otro lado ante la evidente metamorfosis que sufrieron éstas instituciones en los últimos años.

Una realidad incómoda que muestra:

  • Que ya no representan a nadie, ni siquiera a sus afiliados.

  • Que sus estructuras se financian desde el Estado, legal o ilegalmente. Y es un costo tan grande y descontrolado que pone en jaque al mismo sistema democrático.

  • Que dejaron de ser entidades democráticas para transformarse en estructuras verticales donde no hay confrontaciones de proyectos sino de jefaturas.

  • Que la militancia no es mas militancia sino un conjunto de empleados públicos que no luchan por una idea sino por sostener su fuente laboral. Y sus opiniones no tienen tanto valor como sus aplausos al jefe, sus “retweets” o sus “likes”.


En la Argentina la regulación legal de los partidos políticos se basan en la función de “representación”, y no en la de “reclutamiento”. Y los partidos como ya dijimos no representan, pero tampoco cumplen bien su función de reclutar.


Ésta grave falla legislativa les entrega llave en mano los partidos a caudillos que manejan mucho dinero (público generalmente, aunque a veces dinero privado de carácter lícito y/o ilícito), privando a la sociedad de que surjan nuevos dirigentes e ideas.


Es un sistema desfasado y como todo sistema que no se actualiza genera “agujeros” de corrupción que finalmente transforman instrumentos otrora útiles en dañinos.


Y son dañinos, porque ningún partido político está hoy en condiciones de mejorar la vida de la gente; y de hecho no lo hacen. Pero sí se la pueden empeorar, y de hecho lo hacen. Porque la gigantesca cantidad de recursos que despilfarra el sistema político se le saca del bolsillo a los pobres.

Y hoy no hay diferencia, son todos iguales. Porque para existir, deben aceptar el sistema; para pagar campañas, comprar a la prensa, repartir prevendas y otros gastos necesarios para ser ganar elecciones, los partidos deben corromperse. Y lo hacen, todos.


O casi todos, porque hay algunas excepciones que permiten que algunos espacios "puenteen" a la “orga” partidaria. Son los casos de espacios políticos con candidatos conocidos, con votos propios. A nivel nacional el ejemplo más claro es la Coalición Cívica de Elisa Carrió, y a nivel local un ejemplo de "puenteo" del sistema político se dio con Marcelo Megna.

Pero esas excepciones no hacen más que confirmar la regla: la política hoy pertenece a los que aceptan el status quo. No se puede llegar al poder sin corromperse, en mayor o menor medida. Y una vez en el poder, ningún político "escupe para arriba" denunciando un sistema mediante el cual se benefició. Con lo cual siga la fiesta, siga el gasto y la ineficiencia; todo a costa de la sociedad obviamente.


El que describimos no es un sistema democrático; a mi entender es claramente una "oligarquía" (sistema de gobierno en el cual el poder está en manos de unas pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada).


Mientras no aparezcan candidatos que planteen la reforma del sistema político, la situación sólo empeorará.


¿Y qué cambios se necesitan?

En primer lugar aceptar que los partidos políticos no representan a la población, la población se representa sola cuando vota, esto es todo un cambio de paradigma. Los representantes no son más los partidos sino los candidatos electos. Por eso deben eliminarse las listas sábanas en las cuales no se sabe a quién se vota, y aplicarse los sistemas nominales de elección.


Los partidos ya no pertenecen a los afiliados, pertenecen a la sociedad. Entonces el Estado debe regularlos a todos por igual, y asegurando su naturaleza de estructuras cuasi públicas, abiertas, democráticas cuyo objeto es generar propuestas de gobierno y candidatos idóneos.


Los partidos políticos deben tener una financiación fija por parte del Estado, y todo el mundo debe saber cuánto es ese dinero y cómo se gasta.


El empleo público debe dejar de ser más rentable que el empleo privado; de esa forma se desalienta la participación política como medio de ingresar en el Estado para nunca salir.


Los funcionarios deben cobrar un sueldo acorde a la importancia de su función, pero los equipos de trabajo deben ser abonados con ese mismo sueldo. De esa forma el Estado se ahorra enorme cantidad de recursos en sueldos y estructura.


Y debe desterrarse la potestad que tienen los políticos de nombrar empleados públicos. Sí o sí, todo empleado público debe entrar a trabajar al Estado a través de un concurso de oposición, como sucede en las empresas. Si no se logra rigurosidad en éste punto en particular, nunca escaparemos de la trampa en la que hoy estamos.


Eliminar la propaganda pública en medios de prensa. De esa manera se evita la parcialidad de los medios de comunicación a favor de los funcionarios políticos que estén en el poder. Y se permite que otras figuras accedan en igualdad de condiciones a la esfera pública.


Los subsidios son el símbolo de un sistema hipócrita, desfachatado y enfermo. Ningún legislador ni ejecutivo debería poder entregar subsidios. Sólamente las instituciones del Estado que se ocupan de la promoción social.


Obviamente que hay muchas otras medidas para asegurar un sistema político limpio y no las podemos evacuar a todas acá. Lo importante es tomar consciencia sobre lo “radicales” que tienen que ser las medidas para salvar al país del desastre que vive hace años.


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