Las preguntas que el rugby nos hace.



A tres de los mejores jugadores del seleccionado argentino de rugby le encontraron expresiones despectivas contra “mucamas”, “bolivianos”, “judíos”, “negros” y “paraguayos”. Todo escrito años atrás en la red social Twitter.


Sus expresiones, vertidas con una espantosa agresividad, desprecio y odio, van en contra del sentir humanista que prima (¿prima?) en la sociedad argentina.


Si bien es cierto que los hechos se dieron hace varios años y que los jugadores pudieron haber cambiado de opinión, si así hubiese sucedido habrían ido corriendo a borrar esas barbaridades. Y no lo hicieron hasta que se produjo el escándalo.


Por lo tanto, para mí está claro que los jugadores deben ser excluídos del seleccionado.


Cuidado, no es una censura. Ellos pueden pensar, decir o actuar como deseen dentro de lo permitido por la ley. Lo que no pueden es representar a la Argentina, cuya sociedad es (¿es?) refractaria a éstos pensamientos.


Esto que exponemos no carece de lógica ni de coherencia, pero debemos decir que no grafica el trato que en general se le dió al tema.


Por ejemplo, varios políticos “liberales” pretendieron defender a los rugbiers argumentando que “se arrepintieron” de sus ideas. Es raro ver a un liberal celebrar que alguien se “arrepiente” de lo que pensaba. Nos recuerda a la Santa Inquisición, que lograba el “arrepentimiento y la redención” de quien había ofendido una verdad suprema (después de ser torturado, claro...).

Estas posturas son tan peligrosas para las sociedades modernas como el racismo o la xenofobia.


La Unión Argentina de Rugby tuvo otro proceder lamentable. Cuando se tomó conocimiento de la situación, lo primero que hizo fue ordenar la revisión, borrado o cierre de las cuentas en redes sociales.

Otra conducta acorde a la censura del pensamiento. Y otra conducta que prefiere ocultar la realidad antes que enfrentarla.

Lo segundo que hizo la UAR fue suspender a los jugadores Matera, Socino y Petti, medida que hubiese sido correcta si no se hubiese cancelado 24 horas más tarde por las presiones de jugadores, políticos, y dirigentes.

Desde la política las reacciones fueron por demás de confusas. Los kirchneristas le endilgaron los pensamientos de Matera y compañia a toda la oposición.

Desde Cambiemos la idea que primó es que todo era una maniobra K para esmerilar a esa fuerza.

Uno de los partidos más serios del país repartió entre sus dirigentes un protocolo para revisar las cuentas de “Twitter” y borrar posibles “equivocaciones” de antaño. Una forma patética de cuidarse las espaldas, y de aceptar que pocos pueden mostrar pensamientos coherentes.


En definitiva. A nadie se les ocurrió hacerse las preguntas correctas.

¿Es casualidad que tres personas (como mínimo) de un plantel de 23 deportistas argentinos, hayan expresado éstas ideas?

¿No será que el desprecio al otro es una posición común entre un gran sector de la población?

¿No será que los argentinos hemos germinado una semilla de odio en las últimas décadas?


¿No explicará todo ésto la famosa grieta, explotada hasta el cansancio por ciertos políticos?


¿No estará relacionado todo ésto con las dificultades para pensar y ejecutar en común un proyecto de país que nos saque de la decadencia?

Preguntas que nadie hace, y que son tapadas por cuestionamientos al rugby, a las redes sociales, o a tres muchachos que quizás no sean responsables de la ignorancia y del odio que demostraron tener.

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