¿Qué puede pasar (y qué no) en la Argentina?

Un ministro “saraseando”. Un presidente que no es quien preside, que denosta al mérito y que clama no tener plan económico. Ciudadanos encerrados y corruptos que salen de las cárceles. Récords mundiales de cuarentena, de infectados y de muertos. Y "Ella" manejando todo.


La última fue un diputado saboreando una teta “on stream”, en plena sesión de la “honorable” Cámara. “Le besé una teta, sólo eso...” dijo.


¿Ciudad Gótica? No, Argentina.



Muchas veces los desastres se van anunciando con la aparición de eventos raros, extraordinarios, burdos. Ellos, sumados a los graves indicadores económicos y sociales, nos indican la cercanía del CAOS...

Ahora... ¿qué es el CAOS? Eso lo responde José, mi amigo venezolano. “Cuando empezó a colapsar la economía venezolana inmediatamente se destruyó el tejido social. Todos eran pobres. Todos se vieron obligados a salir a buscar comida por las calles, lo que se encuentre. Hacíamos horas de cola para cargar combustible; nos encontramos con que no había actividad, no había salud, no había educación. Y nos tuvimos que ir.”.


La Argentina, experta en crisis, nunca se enfrentó a una situación así. La pregunta es si por primera vez estamos llegando a esa última estación infernal.


Yo creo que no. La explosión en Venezuela se dió por dos causas, una política y otra económica.

La política, no había oposición organizada que pusiera límites a la radicalización chavista. La económica, no había dólares y esa es una ecuación matemática: populismo sin plata termina en colapso.


Políticamente, en nuestro país fue clave el hecho de que Juntos por el Cambio se recuperara de una devastadora elección primaria, y obtuviera el 41% de los votos en la elección general. Ése hecho cohesionó a la oposición e impide la radicalización del kirchnerismo.


Económicamente el problema es con los dólares. No hay, y no va a haber mientras éste gobierno siga en el poder y mientras Cristina Kirchner siga sembrando el caos. El mundo los rechaza, los mercados no les creen, y están peleados con el único sector que puede aportar dólares, que es el campo.


Entonces, si bien no vamos al caos, sí podemos terminar en un colapso económico con caída del gobierno incluída, como en el 2001.


Y ese año es la clave de todo, querido lector.


Repasemos. Después de una década de descalabro peronista la oposición llegó al poder, pero no tuvo la convicción necesaria para hacer reformas estructurales y terminó fuera del gobierno. Explosión social y colapso económico con aumento exponencial de la pobreza.


Ese año podría haber sido una bisagra en la historia argentina, a partir de la cual iniciar una recuperación basada en reformas estructurales. Un nuevo “pacto social y moral”, como le gusta decir a Elisa Carrió. Es lo que pasó en Perú o en Colombia por ejemplo.


El problema con la crisis del 2001 fue... la “buena suerte”. Porque a los pocos meses el precio de la soja se triplicó, el país se llenó de dólares, y no tuvimos mejor idea que “festejar” votando nuevamente al peronismo. Y vuelta la burra al trigo, la tragedia fue todo sufrimiento cero aprendizaje.


No pareciera que se pueda evitar la crisis porque Cristina y el kirchnerismo están lejos de correrse de escena. Aunque ojalá me equivoque.


En lo que sí tengo muchísimas esperanzas es en que éste nuevo desastre, éste nuevo dolor, nos haga reflexionar como sociedad. Y obliguemos a nuestros representantes a realizar las reformas que no hicimos en ese diciembre trágico en el que pasaron cinco presidentes en diez días.


Reforma del sistema político, reforma administrativa, reforma tributaria, autonomía para las ciudades. Todo un replanteo de nuestro país que se va a producir cuando digamos HASTACA.

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