SALIR A LA LUZ.

Rosario está en el peor momento de su historia. Muchas veces, estos momentos terribles generan un despertar. Pasó en otras ciudades y puede pasar acá. Leé y esperanzáte.


Nuestra ciudad sufre. No hay un ArribaRosario como plantea el intendente, con buena onda pero pocas soluciones.



Los números del Municipio antes de la pandemia mostraban un déficit anual de 65 millones de dólares, con una deuda gigantesca heredada de administraciones anteriores.


Luego de la pandemia esos números serán mucho peores.


El gasto en sueldos está descontrolado, con 12.000 empleados que ganan en promedio cerca de $100.000 y generan una presión insoportable sobre las arcas públicas. Tanto que, entre sueldos y gastos corrientes, se llevan el 80% de los gastos del Municipio. El pago de la deuda se lleva el 10%, y el mísero 10% restante se destina a obras para los rosarinos.


Antes de la pandemia, las medidas que tomó el nuevo gobierno para paliar la situación fueron insólitas: reducir el gasto en papelería, celulares y choferes... Con eso no alcanza.

 

En cuanto a la inseguridad, la violencia social volvió a los peores niveles. Aún en cuarentena los homicidios se dispararon nuevamente en la ciudad: en promedio hay casi el triple de muertes que en el resto del país (13 homicidios contra 5 cada 100.000 habitantes).

La gestión se encuentra absolutamente paralizada. No hay obras, no hay programas, no hay mantenimiento, no hay ayudas, no hay nada. 

La gestión se encuentra absolutamente paralizada. No hay obras, no hay programas, no hay mantenimiento, no hay ayudas, no hay nada.

El sistema de transporte público está destruido tras años de desaciertos que la pandemia dejó al desnudo.


El sector privado no se encuentra en mejores condiciones. Muchos quebraron por la cuarentena, y otros están en situación delicada.


La clase dirigencial pocas veces tuvo un nivel tan chato, con tan pocas ideas, tan pocas figuras, tan poca batalla por un futuro mejor. Los funcionarios son permanentemente reelectos, demostrando poco recambio y bajo interés de la población en la política.


Lo dicho, Rosario está en su peor momento.


Pero es en éstos momentos donde podemos tomar real consciencia de que no merecemos una realidad así. Es en éstos momentos cuando las mejores sociedades sacan lo mejor de sí mismas, donde sus verdaderos líderes aparecen para mostrar una luz en la oscuridad, y el camino hacia un futuro mejor.


En la década del 90 Colombia estaba inmersa en una guerra interna entre el Estado, el terrorismo y el narcotráfico.

La ciudad de Bogotá estaba en bancarrota, y adeudaba u$s 2.600 millones de dólares. La tasa de homicidios estaba por encima de las 80 muertes por cada 100.000 habitantes. La mitad de esos homicidios se producían en enfrentamientos, pero la otra mitad tenía lugar en situaciones de riñas, robos y violencia social.


Esa situación catastrófica aparejaba una total desconfianza y desinterés social respecto del Estado, y permitía a los funcionarios políticos perpetuarse en el poder siendo reelectos permanentemente.


En ese contexto, en el año 1995, la población de Bogotá eligió como alcalde a un personaje independiente y enemigo declarado de los aparatos políticos de esa época: Antanas Mockus.


En dos años Mockus transformó la ciudad bajo cuatro premisas:


1. El dinero público es sagrado.

2. La transparencia lo es todo.

3. La cohesión social es el objetivo.

4. El Estado debe educar a los habitantes, enseñándoles a convivir.

El nuevo alcalde ejerció un control feroz del gasto público, y destinó el 20% del mismo a la educación de los habitantes de Bogotá. La ciudad empezó a sanear sus cuentas y pagar sus deudas. El órden en sus finanzas le permitió mejorar su estatus para recibir créditos internacionales.


Se estableció un plan de desarme ciudadano, programas contra la violencia intrafamiliar y un control sobre la policía, entre otras medidas muy disruptivas.


Y en forma abrupta comenzaron a bajar los homicidios y la violencia.


Creció la confianza en el Estado y el pago de impuestos se cuadruplicó, generando más ingresos y fortaleciendo la economía de la ciudad. Con los nuevos recursos se construyeron grandes obras de infraestructura que modificaron el panorama urbano.

Todo eso pasó así... en un abrir y cerrar de ojos en términos históricos. Del infierno a la esperanza, del miedo a la confianza, de la oscuridad a la luz.

En su peor momento Rosario puede encontrar el camino, ser un ejemplo para el resto del país.


Sólo necesita decir HASTACA.

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