Se fueron todos, quedaron ellos.

Hace cien años los partidos políticos eran pujantes organizaciones de la sociedad. Hoy son instituciones en manos de pocas personas que tienen un poder determinante: el manejo del Estado.


La falta de innovación en el sistema político argentino es la causa de los malos políticos y los malos gobiernos. 


Te lo explico poniendo a mi familia como ejemplo.


Mi abuelo se llamaba Eugenio. Comenzó su militancia en la UCR en la época de Yrigoyen, durante los años 20. En esa época la mayoría de los argentinos empezaron a participar masivamente en la vida pública a través de los partidos. La gente se afiliaba para poder votar en elecciones internas, que en última instancia definían la propuesta electoral del partido. Fue una época de oro para la política y para el país.


Mi papá, el segundo Eugenio de la familia, también era militante y dirigente radical.

En su época la política seguía cercana a la sociedad. Pero las crisis económicas en los 80 sumadas a la corrupción en los 90 comenzaron a minar la confianza pública sobre los partidos.

Mi viejo ya no estaba en el 2001 pero en esa época se produjo la debacle, el hartazgo total, cuando la consigna fue “que se vayan todos”. A partir de ese momento la gente rechazó a la política, desaparecieron los militantes y con ellos la "organización territorial", los “comités”, las “internas”, los “actos”, los “discursos” y todo el folclore partidario al que estábamos acostumbrados.



Mi viejo ya no estaba en el 2001 pero en esa época se produjo la debacle, el hartazgo total, cuando la consigna fue “que se vayan todos”. A partir de ese momento la gente rechazó a la política.

Yo, que también me llamo Eugenio y soy militante y dirigente radical, vivo en una época abismalmente distinta a la de mi abuelo y mi viejo. Ahora la sociedad odia a los políticos y a los partidos, y los responsabiliza por la catástrofe argentina de los últimos tiempos.

Y en parte tienen razón porque hoy en la política prima lo individual por sobre lo colectivo, pero esa es una realidad cultural que se da en toda la sociedad, en todos los órdenes, en todos los países.

Pero por otra parte se equivocan, porque en materia institucional el problema no son las personas sino el sistema.


¿Y por qué te cuento todo esto?


Porque acá está la clave de la debacle y la luz en el horizonte para nuestro país.


La Argentina nunca saldrá de su crisis con un Estado tan gigante e ineficaz. Y esto esta íntimamente relacionado con la configuración del sistema político.


Los partidos ya no representan a nadie pero aún así son los únicos que pueden presentar candidatos para conducir al Estado. Y como la gente ya no participa en ellos quedaron en manos de unos pocos empresarios de la política que arman sus estructuras nombrando más y más empleados públicos, pagan sus campañas extrayendo dinero de las arcas públicas, compran medios de prensa publicando propaganda estatal, etc. etc. etc.


El gasto que le genera el sistema político al país es INMENSO, pero aparte lo transforma en ese gigante bobo con una burocracia de cientos de miles de empleados innecesarios contratados por los jefes partidarios para hacer nada más que poner trabas al desarrollo del comercio, la industria, la innovación, la inversión, y por lo tanto la generación de empleo.


La REFORMA POLÍTICA, esa es nuestro objetivo y para lograrlo el primer paso es explicarlo. En otros posteos lo voy a seguir haciendo.

23 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

SUSCRIBITE A MIS POSTS

¡Te van a llegar por correo! 

© 2020 by Eugenio Malaponte.