Una película que todos debemos ver

“David Attenborough, Una vida en nuestro planeta” puede leerse como un testimonio de vida, pero también como una advertencia de muerte. Sí o sí la tenés que ver.

“Soy David Attenborough, y tengo 93 años”.


Es lo primero que nos advierte éste inglés que dedicó toda su vida a la ciencia, a estudiar la naturaleza y difundirla a través de muchas series y documentales.


La advertencia es clara: el autor habla desde el final de su vida, haciendo un análisis frío y exacto del desastre que la humanidad pergenó en un tiempo tan ínfimo como el de una vida humana, la de Attenborough.


Toda la película nos lleva, mediante imágenes de enorme belleza, a una conclusión que la humanidad conoce hace tiempo pero hasta hoy no se atrevió a poner en palabras: La superpoblación humana destruyó el mundo que conocimos, y va camino a liquidar a la propia humanidad. Punto.

En forma atrevida y valiente éste hombre expone la relación entre ese crecimiento poblacional, el incremento del carbono en la atmósfera, y la reducción de tierras libres de civilización. Un cócktail terminal.


En 1937, cuando Attenbourogh era apenas un niño, el mundo contaba con 2,3 miles de millones de personas, el porcentaje de carbón en la atmósfera (responsable del efecto invernadero que genera el calentamiento global) era de 280 partes por millón, y las tierras vírgenes ocupaban el 66% del planeta.


En 2020 la población es de 7,8 mil millones, la cantidad de carbono casi se duplicó, y el hombre solo deja un 35% del planeta sin ocupar.

Que el mensaje respecto a la superpoblación sea tan claro es inédito para éste tipo de películas que buscan ser masivas y por ello esquivan cuestiones sensibles a religiones o ideologías políticas ajenas a la realidad del planeta.


Pero hay otro aspecto curioso en la obra de Attenborough... nos muestra una salida, una solución. Y cuando llega ese momento del film, te aseguro lector y lectora que una sensación de esperanza y de emoción se va a apoderar de vos.


El narrador observa que la humanidad, como toda especie viva, llegará a un tope de crecimiento poblacional de forma natural. Y que debemos estar preparados para ello.

Bajo ese precepto nos intima a controlar la cantidad de hijos que traemos al planeta, y referencia el ejemplo de Japón, que controló su crecimiento poblacional mediante la mejora en la calidad de vida de sus habitantes. Después de la guerra cada pareja japonesa tenía arriba de tres hijos promedio, hoy ese número se redujo a uno o dos.

Finalmente la pelicula ejemplifica cómo la agricultura se transformó en sustentable y exitosa en países como Holanda. Ocupando espacios mínimos para devolver terrenos a la naturaleza.

La comparación entre esos esfuerzos y lo que sucede en la Argentina como siempre es pasmosa. Sobra decir que en los últimos meses la población observó horrorizada cómo se incendiaban nada menos que los humedales del Delta, ante la inacción de un Estado que no existe, que no sirve, que debe cambiar.


“David Attenborough, Una vida en nuestro planeta” es una joya, una obra de arte, pero también un documento incontrastable, indiscutible, que nos advierte del peor drama posible para el ser humano: la extinción.

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